"De alguna manera esto que os cuento me ha sucedido".



domingo, 2 de mayo de 2010

2. Cuentos: El maestro.

          “-Cuéntame un cuento.
          -Yo soy.”

     El Sol calentaba sus cuerpos. Podían sentir nítida la yerba bajo sus pies, fresca, acogedora. Cinco árboles les rodeaban dibujando a su alrededor un espacio de calma mientras la ciudad, arrogante, seguía con su eterno latir, con el incesante rumor de sus miles de almas. Acababan de disfrutar de una larga sesión de gimnasia energética en los jardines del Templo de Debod. Luego, sentados uno frente al otro, en silencio, abismaron su atención, en quietud, respirando, hasta que ambos, simultáneamente, con suavidad, abrieron los ojos. Se miraron. Daniel se sentía feliz, eufórico. Él simplemente estaba en paz.

-Maestro, puedo hacerte una pregunta?

-Insistes en llamarme maestro... y así sólo me alejas de tí. Soy igual que tú, sólo un poco más viejo.

-Pero… tú siempre tienes todas las respuestas.

-Sólo tengo “mis” respuestas. Tan solo mis experiencias, Daniel, mis certezas, mis elecciones… mis mentiras. Ya lo sabes.

-Bueno, bueno, está bien, no empecemos otra vez. Puedo hacerte la pregunta o no?

-Dime –dijo asintiendo con los ojos cerrados, extendiendo su palma derecha hacia arriba a modo de invitación.

-Por qué en clase nunca hablas de los chakras, de los cuerpos sutiles, de… en fin, de todas esas cosas que forman parte de la tradición tántrica, de la anatomía energética del yoga, de la tradición milenaria de la India?

-Sí hablo, Daniel.

-Ya, bueno… sí, pero siempre con coletillas como “…para los que creéis en los chakras…” o “…según la tradición yóguica…”. Qué pasa? No crees en los chakras, en… bueno, en todo eso que aparece en cualquier libro de yoga?

-Verás, lo importante en las clases no es lo que yo crea o no, sino precisamente lo que vosotros elijáis creer, cómo elegís acercaros a la gimnasia energética. Mi intención es simplemente compartir con vosotros lo que he aprendido, lo que sigo aprendiendo, de una forma abierta, sin dogmas, para que seáis vosotros los que hagáis la elección después de experimentar, de sentir: Esto me lo creo, esto no. El yoga ya no es algo de la India, Daniel. El yoga es ya como el agua. Universal. No pertenece a ningún sitio,… a nadie. Es simplemente una herramienta más. Sabes que soy un tipo muy poco dogmático al que han echado de todas las escuelas. Está bien estudiar los dogmas, aprenderlos profundamente, entenderlos… para luego olvidarlos. Sólo la vivencia te da certezas. Lo demás son sólo elecciones. Yo intento que los dogmas no sean un obstáculo ni un velo para nuestro aprendizaje. No necesitas creer en nada concreto para disfrutar de los beneficios del yoga, para practicarlo profundamente. Dicho de otro modo: Da igual cuáles sean tus creencias. El yoga puede mejorar tu vida. Eso es lo apasionante.

-Pero, si no te lo crees, cómo va a funcionar?

-No hablo de negación, hablo de abrirse a la experiencia, a la vivencia propia, individual. Mira, según yo lo veo, el yoga… cualquier gimnasia energética, trabaja en esencia con las tres herramientas que, estés donde estés, quieras o no, llevas siempre contigo: tu cuerpo, tu mente y tu respiración. Son la base, las tres llaves a cualquier trascendencia, a cualquier crecimiento personal. Conciliar tus movimientos, tu aliento, tu atención, tus emociones… de forma profunda, te lleva a un acercamiento íntimo a lo que eres, a cómo sientes, a tus límites. Conocerte más profundamente te lleva a comprender mejor a los demás, a ser más honesto contigo mismo. Conocer tus límites te enseña humildad y la humildad te abre a la empatía, te enraíza, cambia tu manera de moverte en la vida.

-Pero hay mucha gente que simplemente busca en el yoga tener un cuerpo más sano y aprender a relajarse un poco.

-Perfecto. Probablemente vean cumplidas sus expectativas. Dónde está el problema?

-y… los que buscan la iluminación?

-ja, ja, ja, ja… bueno, ya sabes lo que pienso yo sobre eso. Si buscas iluminación, mejor prende la luz.

     Le gustaban esas pláticas. Ese eterno juego de preguntas y respuestas. Observó cómo Daniel buscaba el tabaco en la mochila, encendía un cigarrillo y consultaba después el móvil por si había recibido alguna llamada. "Nunca se aleja demasiado de su teléfono. Es hijo de su tiempo", pensó. Entornó suavemente los ojos y después de exhalar profundamente comenzó a notar el cambio. Como siempre. Dejó de mirar para empezar a ver. Ya no veía las formas precisas de Daniel, sino una bola de luz asentada en el abdomen del joven que proyectaba una suerte de hilos, tentáculos, a su alrededor. Observó el movimiento continuo de esas proyecciones, cómo cambiaban constantemente de posición, de dirección, sin llegar a generar conexiones reales, sin control. "Consciencia, Daniel, consciencia… algo habría que hacer con esa cabecita loca". Desvió suavemente su atención hacia los árboles y pudo percibir con nitidez el poder de sus conexiones, su enraizamiento, la cualidad impecable de su estar. Abrió su campo de visión para apreciar mejor todo el parque y poder sentir de nuevo la interconexión entre todas las cosas. Cómo cada ser, cada bola de energía, proyectaba sus hilos conectándose con los demás, con su entorno. Reparó en la inconsciencia de las conexiones entre las personas, en su baja calidad energética. Así es casi siempre, pensó. "Si fuéramos conscientes de esta interrelación no nos sentiríamos tan solos".

     Sintió cómo Daniel se inquietaba, cómo su energía se disipaba en todas direcciones.

-Dónde estás? –preguntó el joven.

-Aquí, Daniel, aquí… aquí y ahora. Contigo.

     Recordó entonces la pregunta de Daniel, si creía en los chakras. Sonrió. Cerró un instante los ojos, volvió a exhalar y, al abrirlos de nuevo, Daniel ya no era una bola de luz. Su energía se había distribuido en miles de nadis, cientos de talas y unos cuantos chakras perfectamente alineados sobre el eje de la columna vertebral. De la base a la coronilla. Siete. Era como contemplar un modelo perfecto de la anatomía energética tántrica. "Cómo explicarle que los sistemas dan igual, que son solamente intentos de entender, de explicar el misterio. Cómo transmitirle que la intención es lo importante, que puedes ver el mundo como quieras, que es simplemente una elección". Podía observar el movimiento de la luz, como se gestionaba desde el Tan, en el abdomen, entre el segundo y tercer chakra, y se distribuía por toda la red de finísimos canales hasta el último rincón del cuerpo sutil. "El abdomen,… siempre el abdomen", pensó. Durante un instante infinito estuvo repasando todas las tradiciones energéticas que conocía. En todas, el corazón energético del sistema, tenía su asiento en el abdomen. El nombre cambiaba: Tan en la India, Dan-tien en China, Tandem en Japón, la bola de energía en México… el punto era siempre el mismo. "Curioso, otro misterio, pensó", y volvió a sonreír. "Al fin y al cabo es el centro de gravedad del cuerpo físico…", se explicó a sí mismo. Sintió a Daniel proyectarse de nuevo hacia él y un instante después oyó su voz:

-Te invito a una cerveza.
-Me parece una gran idea.

     Cruzaron la calle Ferraz entre el denso tráfico del sábado y se metieron en su bar favorito, La Malquerida. Aún estaba tranquilo, como a él le gustaba. En pocas horas aquello sería un hervidero de gente donde apenas sí se podría hablar. Pidieron dos cervezas y se acomodaron en los insufribles taburetes del garito. Un mariachi flotaba en el ambiente, “México en la piel” cantada por Luis Miguel. Sintió un ligero escalofrío, un dulce sobresalto, y percibió nítida, profundamente, la presencia de su compañera. “Te beso, Luna”, pensó con una sonrisa interior.

     Al otro lado del mundo, sentada entre la selva y el mar, sobre la arena blanca de una playa perfecta, Luna se llevó una mano a los labios. Dejó que su mirada se perdiera sobre el horizonte de un mar con todos los azules. Luego cerró los ojos. Sonrió. “Te amo”.

-Lo sé, yo también… -Susurró.

-Qué?

-Perdón, Dani, olvídalo. Sólo pensaba en voz alta.

     Terminaron sus cervezas y pidieron otra ronda, unos tacos y una orden de guacamole con extra de chile habanero.

-Entonces, tú, en qué crees?

-Órale, Daniel. Aún vas por la segunda cerveza y ya te estás poniendo trascendente.

-Va, en serio. Cualquiera que te oiga hablar diría que no crees en nada, que no te interesa, pero tu vida parece indicar lo contrario. Qué demonios eres tú? Un ateo espiritual, un agnóstico… raro?

-Ja,ja,ja,ja… Joder Dani, has estado sublime. Una definición ferpecta. Ja,ja,ja,… Yo diría que soy simplemente una suerte de buscador,... un crédulo escéptico o un escéptico crédulo. Verás, a veces me siento un tanto hastiado de esa manía de ponerle nombrecitos a todo, de esa necesidad que tenemos de clasificar a todo el mundo en algún bote, tal vez con el fin de que nadie se nos desmande. Yo, simplemente, acepto el misterio. Elijo no elegir. Ahora, llámalo como quieras. Sabes lo que pienso sobre la fe. Muy pocas veces nuestra fe nace de la experiencia, de la vivencia. Normalmente es una elección,… una elección inconsciente. Tenemos dudas, carencias, vacíos,… no sabemos… y llenamos esos huecos con la fe. Aceptamos ideas, sistemas, religiones ajenas o heredadas por que nos traen paz, nos consuelan. Elegimos creer. Y eso no es malo, no me malinterpretes. Tal vez el problema sea tenerle demasiado respeto a nuestra fe, hacerla inamovible, ignorar la diferencia entre creer y elegir creer. Confundimos una elección con una certeza. La fe es importante en tanto que consuela. Es una herramienta poderosa. Pero pienso que sólo la vivencia es realmente liberadora. Lo más probable es que nunca lleguemos a saber de qué va realmente toda esta vaina, estar vivo, si hay realmente algún sentido en todo esto. Pero prefiero aceptar el vacío, afrontarlo con normalidad, a sedar mi inquietud con una fe aprendida, prestada. Tengo mis herramientas, claro, mis elecciones, mis mentiras. Pero no dudo en cambiarlas cuando empiezan a ser un estorbo.

-Ah! Tú como Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo estos otros!”

-Bueno, al fin y al cabo nada permanece, todo cambia –contestó riendo –La cuestión es tender a ser impecable.

-Impecable?

-Sí, decidir qué quieres ser y serlo. Al menos en la medida en que de ti dependa.

     Ahora Daniel tomaba notas apresuradamente, intentando no omitir ni una palabra.

-Maestro…

-…Y dale.

-Hay entonces demasiadas religiones?

-No, todo lo contrario. En mi opinión debería haber tantas como seres humanos. Que cada uno hiciera su elección propia, individual, basada en sus certezas y sus vacíos. Sin estructuras, jerarquías ni patriarcas. Cada uno su propio camino construido a cada paso, a cada elección. Cada uno su mentira, tan verdad como la de los demás. Con respeto mutuo. Y, sobre todo… habría que tomarse la vida en general… con más sentido del humor. Eso nos haría más libres, más fuertes. Y con esto –dijo sonriendo –termino mi intervención.

-Pero entonces…

-Tira esas notas, Dani, son sólo mis palabras. Lo importante aquí no es lo que se ha dicho, sino lo que no se ha dicho pero ha sucedido. Y, hazme el favor, pide la cuenta. Seguimos hablando otro día, vale? no quiero que se me haga tarde.

-Ya? Tarde para qué?

-Tarde para mí.

     Se despidieron con un largo abrazo. Dani se quedó revisando sus notas mientras se acababa la cerveza. Él salió a la noche y caminó entre el gentío que empezaba a invadir el corazón del barrio de Malasaña. Poco después entraba en casa. “Tadaima...”, susurró saludando al ámbito vacío. Se aseó un poco, encendió una vela, una barrita de incienso y se sentó sobre su esterilla a meditar un rato. En silencio, en quietud.

     Treinta y dos minutos más tarde inhaló despacio y profundo, retuvo el aliento un instante escuchando su calma interior y, tras exhalar largo y lento, sonrió pensando: "me siento tan bien que no me importaría morirme. Gracias".

     Luna retiró entonces la mirada de su portátil para fijarla en un punto indeterminado sobre el horizonte. El mar estaba agitado. En el cielo pequeños tornados bajaban a tocar la superficie del agua y volvían a subir para perderse entre las nubes. Se gestaba otra tormenta. "Oye, tortuga, no te vayas a morir sin decirme a dónde vas", le dijo al aire.

-Descuida, aguililla. Disfruta tu tardecita. Te amo –pensó él mientras se acostaba.

-Buenas noches, amor. Dulces sueños –susurró Luna, aún sentada en su playa perfecta, al otro lado del mundo.



Madrid, 15 de enero de 2010.

2 dejaron su rastro...:

carlos de la parra

Un electrizante recorrido por los hechos cotidianos que retrata fielmente nuestras búsquedas de la verdad, si es que tal quimera existe por sí misma y ésas grandes preguntas filosóficas que no pudo contestar el mismo Sinhué el egipcio, como la del ¿Porqué? o ¿Para qué? existimos, en caso de que en realidad haya un plan o un propósito para que se manifieste toda la sinfonía universal de la vida.
Entreverado a ésto me quedé con el apetito de unos auténticos taquitos con guacamole, pues por lo menos aquí en California seguimos esperando se manifiesten los representantes de la auténtica cocina mexicana, que se dan como excepción y con extrema escasez.Algunos lugares donde te salen con un insípido remedo tex-mex con la pretensión de llamarle comida mexicana, salen con el tibio pretexto de que ésto es lo comercial.No les creo. Más bien se sabe cocinar bien o no.
Luego finalizas con un melancólico de los amantes en telepatía. Pero logras darle coherencia. Un gusto leer tu excelente blog.

PazzaP

Kum*, sé que te parecerá raro que te lo diga una desconocida, después de lo segundo que te leo pero, por favor, si puedes, tú tampoco te mueras sin decirme a dónde vas...

Gracias.

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